martes, 6 de abril de 2010

Sentimientos enfrentados


Amo el fútbol. Es un sentimiento compartido con la gran mayoría de la gente. Adoro la táctica, la pasión, la técnica, el esfuerzo, el contacto y un sinfín de otros conceptos que no añadiré pues esa no es la cuestión.

Sin embargo, a pesar de este amor, cada vez más aflora en mí un sentimiento de odio. Un odio irrefrenable que corre por mis venas y mis entrañas y causado por auténticos gilipollas que se dedican a estropear la fiesta. Estas 'personas' que se dedican a insultar, vejar y humillar tanto a futbolistas, como a árbitros, presidentes o entrenadores.

No, no es un problema de ahora. Lo sé. Pero lo preocupante es que cada vez se extiende a más gente, y a su vez los más jóvenes cobran paulatinamente mayor importancia en este patético grupo. ¿Acaso la gente no tiene mejor cosa que hacer que pagar su entrada para insultar? Para eso que se queden en casa, que no los aguantará más que su familia -si es que ellos quieren-.

¿Es que la gente que está allí desempeñando mejor o peor su función merece que los hostiguen como los hostigan? Me gustaría ver a estos ineptos en el lugar de los profesionales.

Para más inri, ya no se meten con la labor que se realiza, sino que hay cafres que tienen por regla insultar debido a la nacionalidad. Así, si un futbolista es negro, se oirán onomatopeyas simiescas. Si algún futbolista falla en alguna jugada la gente se acordará de la santa de su madre. Si el equipo va mal, el pobre del entrenador y en ocasiones el presidente se verán humillados en público con los pertinentes improperios.

¿Y a esto llamamos 'el respetable'? Y una mierda. Me niego a calificar de esta forma a semejantes retrógrados cavernícolas. En esta coyuntura respaldo la actitud de jugadores como Eto'o en La Romareda o Ballotelli en el estadio Marcantonio Bentegodi (el primero se negó a jugar si no cesaban los insultos racistas, y el otro al ser sustituido aplaudió a una grada que había hecho lo propio). No acaba ahí la cosa. Ballotelli, aparte de una injusta multa, tuvo que aguantar que el presidente del Chievo le llamase provocador. Como estos, multitud de casos partiddo tras partido en las calles, en los bares, en los estadios...

El fútbol debería ser el lazo de unión de civilizaciones, esa utopía que se nos presenta en multitud de esloganes, pero deprimentemente no es así. No es así cuando la gente se olvida de todos los logros de una persona cuando falla tan solo una vez. No es así cuando como consecuencia se pasa de héroe a villano. No es así cuando las aficiones se enzarzan en estúpidas peleas. No es así cuando se agrede al árbitro. No es así en infinidad de situaciones que se dan desde los prolegomenos del partido hasta horas después de finalizarse el encuentro.

Nadie, absolutamente nadie, a pesar de cuál sea su condición merece ser humillado en la realización de su trabajo. ¿O acaso va toda esta gente a reprochar a la gente de a pie cuando éstos están en su trabajo? Lamentable. Pero bueno, la gente es así, y así da asco, pues son como becerros que siguen al ganado; uno empieza y los otros van detrás. ¡Qué bien se ven los toros desde la barrera!

2 comentarios:

  1. Obviamente, no tengo nada que objetar a tu opinión. Pero me gustaría resaltar, que la profesión de futbolista no es como otra cualquiera, ya que un futbolista debe su fama y su trabajo al aficionado, si un equipo no tuviese una afición ni seguidores, esté desaparecería y con él sus trabajadores. Por eso quiero insistir en el tema de que un futbolista debe aguantar las críticas y voces del pueblo, ya que a éste le debe su puesto de trabajo. Claro está, que si entramos en temas xenófobos y racistas si que habría que condenarlo.
    Lo que quiero decir es que, si un jugador hace un mal partido o un gesto obsceno a la afición contraria, el aficionado tiene derecho a pitarle y gritarle (siempre desde el respeto), ya que ha pagado una entrada de la que un mínimo porcentaje se lo está llevando ese futbolista.
    Lo mismo ocurriría con entrenadores, presidentes o demás trabajadores del negocio del fútbol, siempre dependen del hombre de a pie.
    Cosa que no sucede con un paandero, un abogado o un profesor, por ejemplo.

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  2. Querido Fernando, que yo sepa Eto'o no hizo nada a la afición... Una cosa es increpar porque no te gusta cómo se juega, lo cual comprendo, y otra vejar por el color de la piel, totalmente distinto. Sé que critico a la gente que protesta airadamente, pero hay formas y formas. Si se hace de manera correcta -por correcta entiendo aquella que no contenga insultos ni alusiones a familiares- lo entiendo y respeto perfectamente. Si no, lo condeno y no me arrepentiré de ello.

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