Se levantó de la cama como cualquier otro día. Bueno, con una hora de retraso, de hecho. La noche anterior se había prometido levantarse para aprovechar bien el día. ¡Behm! Era su cumpleaños, podía permitírselo.
Sus padres ya no estaban en casa. Tampoco le importó. Desayunó y puso la radio. Necesitaba animarse un poco, aún estaba aletargado por el sueño, y el día no era el mejor posible. Oscuro y lloviendo. Pero a decir verdad, tampoco le disgustaba.
Para cuando se había preparado para salir ya no llovía. Maravilloso eso de cumplir años, parece que todo te sale bien. No había sonado el teléfono cuando se fue. Le pareció un milagro. Odiaba esos días en que el teléfono no paraba de emitir su estridente sonido. No eran muchos a lo largo del año, pero se le hacían eternos. No obstante, sabía que su felicidad sería efímera. La gente iba a llamar sí o sí. Prefirió olvidarlo.
Primeras felicitaciones. Le hicieron bastante ilusión, para que nos vamos a engañar. El contacto humano siempre es agradable, y no tan frío como una voz al otro lado del auricular.
No entendía el afán de la gente por preguntarle qué tal el día, qué le habían regalado, blablabla... Para él no era más que otro día normal. Ni sentía nada nuevo. Absolutamente nada.
A media tarde comenzó el carrusel de llamadas. Cada vez que sonaba el teléfono era una molestia. Incluso en alguna ocasión, cuando ya estaba harto, pasaba olímpicamente del fijo o del móvil. Le alegraba que se acordasen de él, pero hasta cierto límite. Además, sabía que en cuanto pasasen 'sus' 24 horas todo volvería a la 'normalidad'. Una normalidad que para él era así incluso el día de su cumpleaños. Por ello, se sentó, leyó, se fumó algún que otro porro hasta que alcanzó su éxtasis mientras se puso un repertorio con algunas de sus canciones favoritas mientras el tiempo pasaba, inexorablemente, otro día más. Al fin y al cabo, era otro día más. Un día culaquiera.
Sus padres ya no estaban en casa. Tampoco le importó. Desayunó y puso la radio. Necesitaba animarse un poco, aún estaba aletargado por el sueño, y el día no era el mejor posible. Oscuro y lloviendo. Pero a decir verdad, tampoco le disgustaba.
Para cuando se había preparado para salir ya no llovía. Maravilloso eso de cumplir años, parece que todo te sale bien. No había sonado el teléfono cuando se fue. Le pareció un milagro. Odiaba esos días en que el teléfono no paraba de emitir su estridente sonido. No eran muchos a lo largo del año, pero se le hacían eternos. No obstante, sabía que su felicidad sería efímera. La gente iba a llamar sí o sí. Prefirió olvidarlo.
Primeras felicitaciones. Le hicieron bastante ilusión, para que nos vamos a engañar. El contacto humano siempre es agradable, y no tan frío como una voz al otro lado del auricular.
No entendía el afán de la gente por preguntarle qué tal el día, qué le habían regalado, blablabla... Para él no era más que otro día normal. Ni sentía nada nuevo. Absolutamente nada.
A media tarde comenzó el carrusel de llamadas. Cada vez que sonaba el teléfono era una molestia. Incluso en alguna ocasión, cuando ya estaba harto, pasaba olímpicamente del fijo o del móvil. Le alegraba que se acordasen de él, pero hasta cierto límite. Además, sabía que en cuanto pasasen 'sus' 24 horas todo volvería a la 'normalidad'. Una normalidad que para él era así incluso el día de su cumpleaños. Por ello, se sentó, leyó, se fumó algún que otro porro hasta que alcanzó su éxtasis mientras se puso un repertorio con algunas de sus canciones favoritas mientras el tiempo pasaba, inexorablemente, otro día más. Al fin y al cabo, era otro día más. Un día culaquiera.