Otrora uno de los jugadores más desequilibrantes de la NBA. Otrora un anotador infalible. Otrora un desafortunado pistolero. Allá por 2010, una de las trayectorias más brillantes de la mejor liga del mundo tocaba fondo. Acusado por tenencia ilícita de armas y con la sombra de la cárcel acechando, su carrera parecía pender de un hilo. Un hilo tan fino como la distancia que separaba horas antes el cañón de su pistola del cuerpo de Javaris Crittenton y viceversa.
Atrás, quedaban un premio de jugador más mejorado (2003), tres presencias en el All-Star, otras tantas en el mejor quinteto de la NBA y noches antológicas como la del 17 de diciembre de 2006, cuando los Wizards vencieron con 60 puntos suyos a los Lakers en el Staples por un montante de 147 a 141.
Pero para cuando aconteció aquel fatal desencuentro por culpa de deudas de juego, su carrera ya parecía ir cuesta abajo. Tres operaciones de rodilla en dieciocho meses parecían ser demasiado para un jugador que había alcanzado la cota más alta del estrellato, y que ya de por sí solo había conseguido disputar toda la liga regular en una ocasión.
La campaña 2010-11, tras cumplir su sanción, una temporada de cambios en Washington. Decidió cambiar su número de siempre por el '9' y los Wizards habían seleccionado al nº 1 del draft con las miras puestas en una reconstrucción que el año anterior había llevado a Cleveland al que había sido su mejor socio, Antawn Jamison. Muchos dudaban de si el antiguo jugador franquicia podía ser compatible con el nuevo. El joven Wall acabó ganando la partida, y el de Florida acabaría siendo traspasado a Orlando ese invierno.
En su estado natal, pasó con más pena que gloria. Solo disputó 49 encuentros siendo titular en un par de ellos. Tras firmar una temporada decepcionante tanto en lo individual -8 puntos, 2.4 rebotes y 3.2 asistencias- como en lo colectivo -Orlando fue eliminado en primera ronda de Playoffs-, los Magic deciden aplicar sobre él la cláusula de amnistía.
Sin equipo, con la fama de ser un jugador polémico y de cristal, y el fantasma del lock-out, su carrera parecía acabada, sepultada quizá por sus excesos tanto dentro como fuera de las canchas. Sin embargo, un rumor de acercamiento al equipo al que le endosó aquellos 60 puntos le puso de nuevo en órbita. Entrenó con ellos, y tras probar también con Memphis, los Grizzlies se le han presentado como última oportunidad para redimirse.
A los 30 años y con el '10' a su espalda, vuelve firmando por el mínimo salarial -296.000 $- y en busca de un último contrato. Para demostrar que aún tiene mucho baloncesto en sus botas y sus muñecas. Para revindicarse como cuando eligió el '0' como dorsal acordándose de aquel entrenador que en época colegial le dijo que esos eran los minutos que iba a jugar. Para ser el mismo que cuando entrenaba nueve horas al día. Para, en definitiva, volver a ser y sentirse Gilbert Arenas. Otrora 'Agent Zero'.
A los 30 años y con el '10' a su espalda, vuelve firmando por el mínimo salarial -296.000 $- y en busca de un último contrato. Para demostrar que aún tiene mucho baloncesto en sus botas y sus muñecas. Para revindicarse como cuando eligió el '0' como dorsal acordándose de aquel entrenador que en época colegial le dijo que esos eran los minutos que iba a jugar. Para ser el mismo que cuando entrenaba nueve horas al día. Para, en definitiva, volver a ser y sentirse Gilbert Arenas. Otrora 'Agent Zero'.
