miércoles, 21 de marzo de 2012

Redemption Zero

Otrora uno de los jugadores más desequilibrantes de la NBA. Otrora un anotador infalible. Otrora un desafortunado pistolero. Allá por 2010, una de las trayectorias más brillantes de la mejor liga del mundo tocaba fondo. Acusado por tenencia ilícita de armas y con la sombra de la cárcel acechando, su carrera parecía pender de un hilo. Un hilo tan fino como la distancia que separaba horas antes el cañón de su pistola del cuerpo de Javaris Crittenton y viceversa.

Atrás, quedaban un premio de jugador más mejorado (2003), tres presencias en el All-Star, otras tantas en el mejor quinteto de la NBA y noches antológicas como la del 17 de diciembre de 2006, cuando los Wizards vencieron con 60 puntos suyos a los Lakers en el Staples por un montante de 147 a 141. 

Pero para cuando aconteció aquel fatal desencuentro por culpa de deudas de juego, su carrera ya parecía ir cuesta abajo. Tres operaciones de rodilla en dieciocho meses parecían ser demasiado para un jugador que había alcanzado la cota más alta del estrellato, y que ya de por sí solo había conseguido disputar toda la liga regular en una ocasión.

La campaña 2010-11, tras cumplir su sanción, una temporada de cambios en Washington. Decidió cambiar su número de siempre por el '9' y los Wizards habían seleccionado al nº 1 del draft con las miras puestas en una reconstrucción que el año anterior había llevado a Cleveland al que había sido su mejor socio, Antawn Jamison. Muchos dudaban de si el antiguo jugador franquicia podía ser compatible con el nuevo. El joven Wall acabó ganando la partida, y el de Florida acabaría siendo traspasado a Orlando ese invierno. 

En su estado natal, pasó con más pena que gloria. Solo disputó 49 encuentros siendo titular en un par de ellos. Tras firmar una temporada decepcionante tanto en lo individual -8 puntos, 2.4 rebotes y 3.2 asistencias- como en lo colectivo -Orlando fue eliminado en primera ronda de Playoffs-, los Magic deciden aplicar sobre él la cláusula de amnistía.

Sin equipo, con la fama de ser un jugador polémico y de cristal, y el fantasma del lock-out, su carrera parecía acabada, sepultada quizá por sus excesos tanto dentro como fuera de las canchas. Sin embargo, un rumor de acercamiento al equipo al que le endosó aquellos 60 puntos le puso de nuevo en órbita. Entrenó con ellos, y tras probar también con Memphis, los Grizzlies se le han presentado como última oportunidad para redimirse. 


A los 30 años y con el '10' a su espalda, vuelve firmando por el mínimo salarial -296.000 $- y en busca de un último contrato. Para demostrar que aún tiene mucho baloncesto en sus botas y sus muñecas. Para revindicarse como cuando eligió el '0' como dorsal acordándose de aquel entrenador que en época colegial le dijo que esos eran los minutos que iba a jugar. Para ser el mismo que cuando entrenaba nueve horas al día. Para, en definitiva, volver a ser y sentirse Gilbert Arenas. Otrora 'Agent Zero'.

jueves, 8 de marzo de 2012

Los horrores de la herencia

La pesadilla puede tocar a su fin. El pasado martes, Agapito Iglesias, todavía presidente del Real Zaragoza, anunciaba su intención de vender el 100% de sus acciones. Lo que representa el 92% del total accionarial. 
Tras seis años de una pésima gestión deportiva y económica esta sí parece la despedida definitiva del constructor soriano. Si es así, como todos los aficionados zaragocistas llevan rogando desde hace ya mucho tiempo, el de Navaleno se marchará habiendo dejado al zaragocismo hundido futbolística e institucionalmente.

En mayo de 2006, Iglesias se convertía en el máximo accionista del Real Zaragoza envuelto en un sinfín de rumores que señalaban que la DGA mucho tuvo que ver en su acceso al poder. Alimentando los rumores, delegaba la presidencia en el hasta entonces consejero de Economía, Hacienda y Empleo del Gobierno de Aragón, Eduardo Bandrés. Con una plantilla que contaba con jugadores de la talla de Ricardo Oliveira, Diego Milito y Sergio García, el Zaragoza consiguió colarse en competiciones europeas merced a una magistral temporada encabezada por el mencionado tridente ofensivo. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Pese a caer eliminados en la previa de la UEFA eliminados por el Aris de Salónica, un equipo netamente inferior al maño, la temporada se hizo muy, muy larga. La eliminación europea escoció mucho a la afición, pero no sería nada en comparación con el daño que hizo el descender a los infiernos, y consecuentemente, perder a sus mejores hombres. 

Para la aventura en segunda se contrató a Marcelino García, revelación en el banquillo del Racing el año anterior. Su fichaje fue ya muy criticado por el alto precio de su ficha. El Zaragoza consiguió el objetivo de ascender, pero una plantilla diseñada para quedar en primera posición de largo, lo pasó mal para asegurar el segundo puesto. El equipo no hacía más que alargar la imagen de decadencia que se había iniciado un año antes. Tras el inicio titubeante de 2009, Bandrés dimitió como presidente y Agapito Iglesias asumió plenos poderes en el club. Las temporadas 2009-2010 y 2010-2011 solo sirvieron como antesala de que o mucho cambia la cosa o el Real Zaragoza hará buenos los refranes de que a la tercera va la vencida y de quien juega con fuego se quema. 

Todo ello, sin eximir de culpa a los jugadores -faltaría más-, gracias a una gestión lamentable de un club que dista mucho de igualar los triunfos y logros de antaño, de encumbrar a futbolistas hasta la selección nacional, de alcanzar esa imagen de club peligroso en el torneo del K.O. Ahora más que nunca es el propio club el que parece que está noqueado y sin solución alguna. Todo ello gracias a un presidente que ha demostrado no tener ni idea de lo que es el fútbol, los sentimientos y el estar a cargo de la ilusión de miles de personas. Un señor que ante la pregunta de que si cree que el Zaragoza se va a salvar responde un seco: "Tengo que pensarlo" tan falso y vacío como el sentimiento que ha mostrado por el club que preside. Un señor que nunca se ha preocupado por tener el más mínimo trato con el cuerpo técnico. Un señor que se digna a no dar la cara ante 'su' afición y que allá por donde va, parece hacer gala de una prepotencia y altanería indignas del trabajo diario y de un sentimiento que dentro de diez días se convertirá en octogenario. 


Acogido ya a la Ley Concursal, este señor se irá, si consigue endosarle el muerto a alguien, con la cabeza bien alta, habiéndose preocupado tan solo por sí mismo y dejando al Real Zaragoza herido, veremos si mortalmente. De momento, partido a partido, el Zaragoza parece exhalar sus últimas bocanadas de aire.