jueves, 29 de septiembre de 2011

Mudanza a la otra orilla




Cuando uno oye hablar de Nueva Jersey le es inevitable que nombres como Atlantic City, Los Soprano, Sinatra, Bon Jovi, Bruce Springsteen o Michael Douglas, entre otros, se le vengan a la cabeza.

Hace dos días se anunció que este pequeño estado de la costa Este de Estados Unidos se quedará sin uno de sus símbolos de los últimos años, la franquicia NBA de los Nets. El anuncio lo hacía oficial uno de sus copropietarios, Shawn Carter, más conocido por todos como Jay-Z. La noticia, por impactante que parezca, es algo que se llevaba gestando desde tiempo atrás, concretamente desde el 2005, cuando Bruce Ratner pasó a ser el mandamás de la franquicia. Así pues, se pude decir que el traslado era algo irremediable. La próxima temporada, con o sin 'lockout', el equipo jugará en Brooklyn, la tierra natal de Jay-Z, dejando huérfano al Prudential Center de Newark. Las protestas, no se hicieron esperar.

Atrás quedan más de treinta años en el universo NBA. Desde que allá por 1976 los Nets entrasen a formar parte de la mejor liga del mundo, una terna de grandes jugadores (Petrovic, Buck Williams, Erving) hicieron que este pequeño equipo fuese creciendo hasta alcanzar su caché más alto merced a sus dos finales consecutivas de 2002 y 2003, ambas sin premio, con los Van Horn, Kittles, MacCulloch, Martin, Jefferson, y por encima de todos, Jason Kidd, el motor de aquellos Nets que defendían duro y contratacaban hilvanando jugadas de auténtica maravilla.

Nada volvió a ser lo mismo desde entonces. El equipo fue comenzando una cuesta abajo que ha logrado sus peores cuotas en estos últimos años. Desde la marcha de todos esos jugadores y el paso de Vince Carter por el equipo, los Nets han pasado con más pena que gloria en cada año de competición. Devin Harris ha defraudado por completo, Brook Lopez no termina de explotar y el fichaje de Deron Williams, uno de los mejores bases de la liga, es la única esperanza a la que agarrarse con la dirección de Avery Johnson, y quién sabe si con la mudanza a la otra orilla del Hudson.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Días y días

Cuando uno empieza algo que le es desconocido en cierta medida, lo coge con ganas. Quizá sea el misterio lo que nos ponga el corazón a mil por hora ante esa expectación que tantas ganas tiene de que acabe y termine por consumarse. Nada más lejos de la realidad. Como si de una conspiración contra uno se tratase, basta con unas pocas horas, unos pocos días, para que te maten toda esa ilusión. El regreso no es lo que esperabas.

Para más inri, hay días en los que uno no entiende nada. No entiende por qué hace falta tan poco para tirar por tierra esa ilusión, por qué el hacer le coloca a uno en ese sitio en el que no quiere estar, por qué una persona que no le ha hablado en tres meses le habla de repente como si nada, por qué un grupo de música de éxito y prestigio tiene que abandonar el mundo artístico así, sin más...

En fin, hay días y días. Y en días así, es mejor pensar en los objetivos y metas a corto plazo, para que conforme estos vayan llegando, reporten cierto grado de satisfacción.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Incertidumbres de un nuevo rompecabezas


A día de hoy, con el fin del verano a la vuelta de la esquina, todo parece volver a seguir su cauce para reinstalarse, poco a poco, en una extrañada rutina. En algo menos de 48 horas todo volvería ser como tres meses atras. ¿Todo? Ni muchísimo menos. La mayoría de las cosas, al menos en apariencia, seguirán un curso parecido al de la temporada anterior. Pero a nadie se le escapa que aquí, pasada ya la mitad del trayecto, los pequeños detalles iban a ser totalmente diferentes.

Parece mentira cómo cosas tan pequeñas pueden cambiar el curso de las cosas. Estoy convencido de ello. Esta no será una excepción.

Cuando todo volviese a la "normalidad" algo faltará. La forma, la apariencia será igual, pero la esencia habrá cambiado por completo. Faltarán pequeños detalles, pequeñas piezas del engranaje sin las cuales el puzle no estará completo. Para más inri, otras se irán a mitad de camino, y en esa caja llena de piezas habrán llegado a parar pequeñas partes de otro rompecabezas. Al principio nada casará, pero será tarea de todas esas piezas amoldarse a las formas de sus compañeras para que ese nuevo puzle que dentro de poco ha de montarse, se adhiera a la perfección en el menor lapso de tiempo.