En la tarde de un 7 de junio como hoy hace 19 años, sonó el teléfono de una vivienda de la capital croata, Zagreb. Como de costumbre, Biserka fue la encargada de contestar.
- Sí, es aquí -asintió-.
Conforme avanzaba la conversación, su gesto se fue torciendo hasta que, por fin, arrancó a llorar desconsolada. Biserka colgó el teléfono y corrió despavorida al balcón. Estaba a punto de cometer una locura. Por suerte, su marido Jovan llegó a tiempo para evitar aquel desastre.
La selección croata, pese a haber maravillado en los Juegos Olímpicos de Barcelona un año antes, se veía obligada a disputar el Preeuropeo de Polonia. Los Radja, Kukoc y compañía ya estaban concentrados. También Petrovic, capitán de la selección y por otra parte, jugador más determinante. El de Sibenik, llegaba tras haber disputado los Playoffs de la NBA con los Nets, en lo que sin duda fue su mejor temporada en tierras americanas. Por fin, el escolta había logrado aquello que tanto había soñado y que deseaba aún más, si cabe, tras impedírsele en Portland: ser una estrella en la mejor liga del mundo.
[Comienza la música de Mozart]
Un día más, se levantó temprano. Con las ansias de mejorar que le caracterizaban desde pequeño, se plantaba en el gimnasio a las 6 de la mañana. Él lo abría y, a buen seguro, él sería quien lo cerraría. Un día más.
En el todavía desierto pabellón deportivo de Sibenik, en el centro de Dalmacia, aquel joven no precisaba de nada más que una canasta y un balón de baloncesto. Si acaso, unas cuantas sillas que le permitiesen mejorar su 'dribbling'. Ni más ni menos. Esa era su vida. Todo lo que necesitaba para ser el mejor.
Pronto abandonó su ciudad natal para trasladarse a Zagreb y jugar para la Cibona. Las mieles del éxito atrajeron a un ganador nato que en el Sibenka Sibenik solo pudo ser subcampeón de la Copa Korac dos años consecutivos. Los éxitos en la capital no tardaron en llegar. En 1985 conquistó el triplete: Liga y Copa yugoslava, así como la Copa de Europa. Volvería a ganar dos Copas yugoslavas (86 y 88), la Copa De Europa (86) y la Recopa europea (87). Su éxito a nivel colectivo, sumado a sus gestas individuales sobrepasando con asiduidad los 30, 40 y hasta 50 puntos, llamaron la atención de la NBA. Los Trail Blazers fueron los encargados de seleccionarlo en la 60ª posición del draft de 1986. Sin embargo, no daría el salto a Estado Unidos hasta cuatro años más tarde, luego de militar una única campaña en el Real Madrid y conseguir la Copa del Rey y otra Recopa.
[Continúa la música]
Por supuesto, Croacia logró clasificarse para el Europeo. El objetivo estaba cumplido. Los jugadores podían volver a casa y disfrutar de las vacaciones. La expedición, tras salir de tierras polacas, hizo escala en Frankfurt, desde donde cogerían el definitivo vuelo a Zagreb. Sin embargo, no toda la expedición viajó en aeroplano. Klara Szalantzy había ido a buscar a su novio al aeropuerto. La pareja, junto a una amiga de la novia, volvería a Croacia en coche.
Pese al sol del que disfrutaban los jugadores croatas en el avión a las 17 horas, el piloto les avisó para que se abrocharan los cinturones de seguridad. Unas cuantas turbulencias sacudieron la nave. Bajo esta, se armaba un denso manto de nubes que a buen seguro, descargaba tormenta.
Tras unos 200 kilómetros de viaje en los que había sido él quien conducía, decidieron cambiar tras repostar en una gasolinera. Él, debido al cansancio acumulado, se quedó dormido. En ese momento, tras dejar atrás un repecho en la autopista, Klara, privada de una idónea visibilidad a causa de la tormenta, vio demasiado tarde el camión que había cruzado en la autopista.
[Termina la composición]
Ya no habría más celebraciones airadas tras canasta ni humillaciones en cuatro idiomas. Drazen Petrovic había muerto. Dejando, eso sí, una maravillosa melodía inacabada.

