jueves, 23 de febrero de 2012

La unicidad del abnegado

Dicen que las madres son muy sabias y que siempre hay que hacerles caso. Dicen que siempre quieren lo mejor para sus hijos y que hacen lo que sea para que estos lleguen lo más lejos posible. Hechos como el siguiente demuestran que la dedicación materna puede ser un arma importante que el destino usa a su voluntad...

Conforme el pequeño Rajon Rondo iba creciendo fue desarrollando su afición por el deporte. Como muchos jóvenes americanos, su adolescencia la pasó practicando tanto baloncesto como fútbol americano, siendo el deporte de la pelota oval el que le causaba especial predilección. Su madre, sin embargo, no compartía ese sentimiento y ante su visión del fútbol americano como un deporte dañino para su hijo, acabó empujándolo a la práctica mayoritaria del baloncesto.

Al acabar su periplo de high school, Rondo continuó en Kentucky para jugar en la universidad del estado. Allí, el base ya demostraba ser un director de juego magnífico además de un jugador muy completo. Tras dos años de aventura universitaria por fin llegó el gran salto. El 28 de junio de 2006 en la ceremonia del draft de la NBA Rondo era seleccionado con el número 21 por los Phoenix Suns. Los de Arizona, sin embargo, lo traspasaron a los Celtics a cambio de una ronda del draft y algo de dinero. Quién sabe si los Suns hubieran encontrado en él al base que diera el relevo definitivo a Steve Nash.

La suerte, caprichosa ella, hizo que el joven Rondo aterrizase en la franquicia más laureada del baloncesto. Una franquicia que pese a ello llevaba mucho tiempo deprimida, lejos de su época dorada en la década de los 60 y su reverdecimiento de los 80. En su primera campaña Rondo pasó muy desapercibido, haciéndose con el puesto de titular en su segundo año. Esa temporada, los de Boston tiraron la casa por la ventana con las contrataciones de dos superestrellas, Ray Allen y Kevin Garnett, que se unían al jugador franquicia de los orgullosos Celtics, Paul Pierce. El panorama no era muy halagüeño para que Rondo pudiese destacar. Los Celtics consiguieron de inmediato resultados con un récord de 66 victorias y 16 derrotas que le volvían a colocar en la elite de la NBA. Todo ello bajo la dirección de un joven de 22 años. Los Celtics se proclamaron campeones gracias a su 'big-three' y en gran medida, al canalizador de su juego.

Desde aquel momento, los números de Rajon Rondo han ido 'in crescendo' en todos los apartados estadísticos hasta consolidarse como uno de los mejores bases de la liga. No obstante, actuaciones sobresalientes en liga regular como en sucesivos playoffs y asumir cada vez más responsabilidades a medida que las prestaciones del 'big-three' disminuyen no parecen ser suficiente motivo para que la franquicia de Boston termine de confiar en él. Envuelto en buena parte los rumores de traspaso de los de Massachusetts año tras año, el '9' no se cansa de dar auténticas exhibiciones de baloncesto. Se le acusa de ser un mal tirador y sus estadísticas de tiro demuestran que no pasa de ser un mediocre lanzador en suspensión, pero el dominio de juego de Rondo va más allá de un porcentaje. Pese a ese lunar de su juego, en no pocas ocasiones ha asumido la labor anotadora sobrepasando la treintena de puntos. Pero más allá de eso, la importancia de Rondo radica en su magistral dirección de juego. Mantiene al equipo involucrado en todo momento haciendo que sus compañeros alcancen y superen los dobles dígitos en anotación sin excesiva dificultad; y a ese gran talento ofensivo le añade unas excepcionales cualidades defensivas. No en vano, es uno de los mejores en robos de balón y ha estado presente en el mejor quinteto defensivo los dos últimos años. Además, es poseedor de los fundamentos y el talento que precisa la mejor liga del mundo y que combina con esa dosis de espectáculo inherente a la marca NBA.

Desde que llegó a la liga, Rondo siempre ha sabido aceptar y adaptar su rol en el equipo a las necesidades de este. Siempre ha respondido con creces ante toda situación. Cuando se le dio la confianza de liderar a una franquicia en horas bajas, respondió. Cuando le tocó liderar al campeón de la NBA también respondió y ahora que parece que los Celtics necesitan una nueva reconstrucción, Rondo vuelve a responder. No importa cuántos rumores de traspaso sobrevuelen sobre él, cuantos desmanes le haga la cúpula del Garden, Rondo siempre se deja la piel por el equipo, haciendo gala de un juego cada año más maduro que parece no tener límite, ni siquiera el que su propio general manager, Danny Ainge, quiere colocarle. Si su propia franquicia no sabe valorar su talento, ya se encarga la NBA de demostrárselo. El próximo domingo, con sus 26 recién cumplidos, Rajon Rondo será All Star por tercera vez, y además, de manera consecutiva. Sin lugar a dudas, se ha erigido como el nuevo líder de los 'proud Celtics'. Un jugador único. Quizá el más único, ya que ningún jugador en la historia de la NBA ha tenido como nombre Rajon o como apellido Rondo. Un jugador abnegado que cumplió el deseo de su madre.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Inútil indignación; útil convicción

Se sentó en la cama y se sosegó. Estaba realmente alterado, no cabía en sí de ira. Con las manos en la cabeza y los codos apoyados en las rodillas con la vista hacia el suelo y la mirada perdida solo acertaba a soltar algún que otro bufido alternado con varios juramentos. No podía dejar de pensar en lo ocurrido.

Pegarle una patada a la puerta de su cuarto y algunos puñetazos al marco de esta no le había servido para desahogarse del todo. Se sentía estafado. Cada vez que recordaba lo que había acontecido a lo largo de los últimos meses y el resultado de todo ello en los últimos días la sangre le hervía bajo la piel como si el magma de un volcán hiciera que en cualquier instante pudiese volver a entrar en erupción.

No paraba de preguntarse por qué ese agravio comparativo. No lo entendía. Solo se había dedicado a realizar cada uno de los trabajos que se le asignaron de la mejor manera posible con una dedicación, que a veces le había llevado a perder más tiempo del que esperaba. A veces, incluso, haciéndole perder el tiempo dedicado a otras cosas más mundanas, pero esas otras cosas que le hacían ser y sentirse persona. Cosas banales como verse con los amigos, hacer algo de deporte o incluso dedicarse tiempo para él mismo. En fin, nada del otro mundo. Sin embargo, eso no le molestaba. Al menos no en exceso, pues todo ello iba dirigido, en principio y supuestamente, para ser mejor en aquello a lo que se quería dedicar. Aunque en algunas ocasiones era difícil de asimilar que eso fuera así.


No era de los que se dedicase a comer la oreja al profesor o asaltarle con estúpidas dudas o anécdotas. Dios le librase. Eso le parecía, cuanto menos, reprobable. Solo quería limitarse a hacer su trabajo lo mejor posible y pasar lo más desapercibido posible. Quizá eso era lo que le fallase. Pero no iba a hacer algo que iba contra su naturaleza y que tan ridículo le parecía. Se le hacía duro, por no decir imposible, comprender que haciendo lo que hacía donde estaba nunca se le iba a compensar. Y eso, eso es muy duro. Más cuando uno cumple y quienes han de compensar no cumplen ni con plazos ni de la forma en que se debe. La sensación entonces de impotencia te invade como a él le ocurría y solo dejaba lugar a la furia y la indignación que provoca esa incompetencia

Tras unos minutos de reflexión, su pensamiento comenzó a aclararse. El problema de todo eso era que frente al trabajo de meses que conlleva la labor encomendada, tanto el colegueo que se torna en favoritismo, como la valoración de ese trabajo eran algo barato y carente de ecuanimidad. Una vez se convenció y se dio cuenta de eso, solo le quedaba convencerse de no ser como esa gente, levantarse y seguir adelante con más fuerza y perseverancia si cabía. Sabía que pese a ello no iba a ser la última vez que le harían caer, pero siempre iba a estar dispuesto a levantarse.

martes, 7 de febrero de 2012

El quinto elemento


En la noche de ayer, Kobe Bryant se hacía un poco más grande si cabe. En su ciudad natal, Filadelfia, el escolta de los Lakers superaba a Shaquille O'Neal, su enemigo íntimo, y se colocaba como el quinto máximo anotador de la NBA. 


Pese a la derrota de los angelinos en el Wells Fargo Center por 95 a 90 frente a los Sixers, Kobe Bryant sigue engrandeciendo su leyenda. Eternamente comparado con Michael Jordan, Bryant sigue escalando peldaños en la historia pese a la mediocre temporada que lleva su equipo. Pese a las patentes similitudes con el mítico '23' de los Bulls y pese a que nunca se quitará el lastre de ser comparado con él, la mamba negra nunca llegará a ser como Jordan. Michael Jordan solo ha habido uno y solo habrá uno. Cualquier comparación con él es digna de mención y agradecimiento, un reconocimiento que sin duda a cualquier jugador debe enorgullecer. 
Asumido esto, Kobe no debe aspirar a ser su sucesor ni nada que se le parezca. Tiene que aspirar a ser mucho más que un sucesor. Tiene que aspirar a ser él mismo. A inscribir su nombre en la historia de los Lakers y de la NBA por medio de sus ya de por sí magníficas credenciales. 
Desde su llegada a los Lakers en 1996 Bryant ha demostrado que es uno de esos superclase de los que se ven cada mucho tiempo, pero único. Y esa exclusividad es la que lleva a Kobe a alcanzar récords que le abren las puertas del olimpo de la NBA. Nunca nadie ha sido tan decisivo en el 'clutch time' como él, ni siquiera el propio Jordan. Nadie ha anotado tantos puntos como él en un partido, 81, desde Wilt Chamberlain. Y solo Donyell Marshall ha sido capaz de igualar su marca de triples en un partido con 12.


Pueden pasar mil cosas, denuncias por acoso, acusaciones de infidelidad, separaciones... Pase lo que pase, Bryant siempre responde. Criticado hasta la extenuación, amado y odiado a partes iguales la esencia del '24' de los de púrpura y oro siempre emana en la pista. La elegancia en sus movimientos, sus suspensiones cargadas de sutileza, su afán de mejora, su espíritu competitivo y sobre todo, por encima de cualquier cosa, ese instinto asesino con el que aniquila al conjunto rival una y otra vez. Tiene unos fundamentos baloncestísticos maravillosos. Algo que brilla mucho por su ausencia en la actual NBA en comparación con otras épocas. Hace todo tan súmamente fácil que llega a desesperar a propios y extraños. Tras una temporada decepcionante, el ave fénix parece resurgir de sus cenizas, pero Kobe no ha vuelto, siempre ha estado ahí, pero esta temporada, de nuevo contra la adversidad, ha vuelto a responder con creces. Se ha ido a más de 40 puntos en cuatro partidos consecutivos y es el máximo anotador de la NBA con unos registros de 29'3 puntos de media aderezados por sus 5'8 capturas y 5'4 asistencias. Bryant es candidato siempre al MVP por méritos propios, les guste a unos más a otros menos. Los números hablan por sí solos y KB24 habla donde más le gusta, en la cancha. Es el mejor jugador de la década. Pasado, presente y futuro más próximo de la NBA.
Al igual que no ha habido otro Michael Jordan, tampoco habrá otro Kobe Bryant. No lo olviden, detrás del 23 siempre irá el 24.