lunes, 12 de noviembre de 2012

Máximas y divergencias


Que las personas van y vienen parece ser un hecho más que común a lo largo de nuestra fútil existencia: profesores, compañeros e incluso amigos. 

En algunos casos se asume como algo natural e incluso, por qué no, necesario. Sin embargo, en otras ocasiones, la ruptura de una relación supone algo más que un duro mazazo que te supone un profundo desasosiego en lo más hondo de tu ser. No solo por lo inesperado de la situación, sino por los lazos que te unían a esa persona. Cuando eso ocurre, sabes que esa persona te importa de verdad.

No necesariamente una ruptura repentina tiene que doler más que una que se va fraguando poco a poco. Es más, aquellas que parten de la nada o del más mísero de los detalles y que, poco a poco, van eliminando esos lazos son, si me lo permiten, más dolorosas -sería algo similar al efecto de quitar una tirita del tirón o lentamente-. Y no creo que esto sea porque no se vea venir, que se ve; sino porque te das cuenta de que esa persona, que es consciente de cómo os vais alejando, no hace nada, ni el más mínimo detalle por remediarlo.

Es ahí, en ese mismo momento, cuando sabes que una relación se ha acabado por completo. Primero te invade el enfado, que más tarde opta por tornarse en decepción y ya por último, en resignación. Todo está 'finiquitado'. Nada queda de esos lazos que antaño parecían atarte de manera tan fuerte e incluso racional a esa persona. En ese momento, la vida te sitúa en una de esas encrucijadas que guiarán tu destino y que marcarán el devenir de tu existencia. Puedes pensar en lamentarte por lo que fue  y por la persona que no te corresponde, o seguir hacia delante con tu máxima por bandera: "El dolor es inevitable; el sufrimiento, opcional"

miércoles, 24 de octubre de 2012

Alegato contra una muerte anunciada

Si alguien firmase esta sentencia ahora mismo nadie se extrañaría de ello. Es más, la asumiríamos como algo que ya sabe todo el mundo. La cuestión es que la cita, cuyo autor es Jerome Rubin, tiene ya 19 años. Y pese a que todo el mundo asume que el fin del papel en favor de lo digital es un hecho, el antiguo vicepresidente de publicaciones del grupo Times Mirror se precipitó al ponerle fecha de caducidad a los diarios impresos.

Esos diez años han pasado, y si bien es cierto que las plataformas digitales le han ganado muchísimo terreno al género en papel, este resiste estoicamente gracias a un número de fieles que mantienen su apego al periodismo 'de toda la vida'. Aquel en el que el periodista, con muchas menos aplicaciones, funciones y destrezas, podía centrar todo su esfuerzo en 'cocinar' la mejor pieza informativa posible. La inmediatez que permiten las herramientas online parece radicar en una devaluación del producto periodístico. ¿Dónde quedan los grandes reportajes que conllevan una persistente labor de indagación, profundización y elaboración y que tanto te hacen disfrutar de su lectura? En un porcentaje, al igual que el de seguidores del papel, cada vez menor. La red está muy bien como fuente que proporciona la información al segundo, pero la verdadera documentación sobre un tema se encuentra en las hojas del diario de turno. Los pequeños textos que suministran las ediciones online, más allá de los hipervínculos, conducen al conformismo social, a quedarse en la superficie. Muy pocos, los menos, son los que van más allá de esa escueta pieza informativa. Prima la inmediatez, ser el primero en publicar una información, pero ¿dónde quedan el cuidado y la calidad? Reflexionemos concienzudamente al respecto.

Al final, el ser más inteligente del planeta no es más que un esclavo de algo tan subjetivo como el tiempo. Por suerte, mientras siga habiendo románticos, el periódico seguirá transcendiendo, al menos, alguna generación más.

jueves, 7 de junio de 2012

Una melodía inacabada


En la tarde de un 7 de junio como hoy hace 19 años, sonó el teléfono de una vivienda de la capital croata, Zagreb. Como de costumbre, Biserka fue la encargada de contestar.

- Sí, es aquí -asintió-.

Conforme avanzaba la conversación, su gesto se fue torciendo hasta que, por fin, arrancó a llorar desconsolada. Biserka colgó el teléfono y corrió despavorida al balcón. Estaba a punto de cometer una locura. Por suerte, su marido Jovan llegó a tiempo para evitar aquel desastre.

La selección croata, pese a haber maravillado en los Juegos Olímpicos de Barcelona un año antes, se veía obligada a disputar el Preeuropeo de Polonia. Los Radja, Kukoc y compañía ya estaban concentrados. También Petrovic, capitán de la selección y por otra parte, jugador más determinante. El de Sibenik, llegaba tras haber disputado los Playoffs de la NBA con los Nets, en lo que sin duda fue su mejor temporada en tierras americanas. Por fin, el escolta había logrado aquello que tanto había soñado y que deseaba aún más, si cabe, tras impedírsele en Portland: ser una estrella en la mejor liga del mundo.

[Comienza la música de Mozart]

Un día más, se levantó temprano. Con las ansias de mejorar que le caracterizaban desde pequeño, se plantaba en el gimnasio a las 6 de la mañana. Él lo abría y, a buen seguro, él sería quien lo cerraría. Un día más.
En el todavía desierto pabellón deportivo de Sibenik, en el centro de Dalmacia, aquel joven no precisaba de nada más que una canasta y un balón de baloncesto. Si acaso, unas cuantas sillas que le permitiesen mejorar su 'dribbling'. Ni más ni menos. Esa era su vida. Todo lo que necesitaba para ser el mejor.
Pronto abandonó su ciudad natal para trasladarse a Zagreb y jugar para la Cibona. Las mieles del éxito atrajeron a un ganador nato que en el Sibenka Sibenik solo pudo ser subcampeón de la Copa Korac dos años consecutivos. Los éxitos en la capital no tardaron en llegar. En 1985 conquistó el triplete: Liga y Copa yugoslava, así como la Copa de Europa. Volvería a ganar dos Copas yugoslavas (86 y 88), la Copa De Europa (86) y la Recopa europea (87). Su éxito a nivel colectivo, sumado a sus gestas individuales sobrepasando con asiduidad los 30, 40 y hasta 50 puntos, llamaron la atención de la NBA. Los Trail Blazers fueron los encargados de seleccionarlo en la 60ª posición del draft de 1986. Sin embargo, no daría el salto a Estado Unidos hasta cuatro años más tarde, luego de militar una única campaña en el Real Madrid y conseguir la Copa del Rey y otra Recopa.

[Continúa la música]

Por supuesto, Croacia logró clasificarse para el Europeo. El objetivo estaba cumplido. Los jugadores podían volver a casa y disfrutar de las vacaciones. La expedición, tras salir de tierras polacas, hizo escala en Frankfurt, desde donde cogerían el definitivo vuelo a Zagreb. Sin embargo, no toda la expedición viajó en aeroplano. Klara Szalantzy había ido a buscar a su novio al aeropuerto. La pareja, junto a una amiga de la novia, volvería a Croacia en coche.

Pese al sol del que disfrutaban los jugadores croatas en el avión a las 17 horas, el  piloto les avisó para que se abrocharan los cinturones de seguridad. Unas cuantas turbulencias sacudieron la nave. Bajo esta, se armaba un denso manto de nubes que a buen seguro, descargaba tormenta.

Tras unos 200 kilómetros de viaje en los que había sido él quien conducía, decidieron cambiar tras repostar en una gasolinera. Él, debido al cansancio acumulado, se quedó dormido. En ese momento, tras dejar atrás un repecho en la autopista, Klara, privada de una idónea visibilidad a causa de la tormenta, vio demasiado tarde el camión  que había cruzado en la autopista.

[Termina la composición]

Ya no habría más celebraciones airadas tras canasta ni humillaciones en cuatro idiomas. Drazen Petrovic había muerto. Dejando, eso sí, una maravillosa melodía inacabada.

Hasta siempre, Drazen.

domingo, 3 de junio de 2012

Viernes 13

Tan solo quedan 1.8 segundos para el final del partido. Una victoria de los Knicks suponía un 3 a 0 en la eliminatoria y una eliminación casi segura para unos Bulls que, pese a acusar la ausencia de Jordan, habían logrado meterse en las semifinales de la Conferencia Este tras lograr un récord de 55-27.
Patrick Ewing, estrella de los neoyorkinos había obligado a pedir tiempo muerto a Phil Jackson al poner el 102-102 en el marcador. Mientras el jamaicano era felicitado y agasajado por sus compañeros de camino al banquillo, un errático Scottie Pippen se dirigía cabizbajo hacia el opuesto. En la noche de un viernes 13 de mayo su actuación parecía salida de una pesadilla. Una pesadilla que se consumó cuando Jackson, en la confección de la última posesión, renunció a que su jefe de filas se jugase el tiro definitivo. Un tiro que, para más inri, el entrenador de los Bulls confiaba a un novato. Toni Kukoc.


Sin duda, Pippen, herido en su orgullo, no confiaba en el croata y ante tal decisión técnica decidió no tomar parte del desenlace del encuentro. Simplemente se sentó al final del banco y esperó a que se sucedieran los hechos. Tal vez Pippen pasaba por alto muchas cosas. Seguramente ignoraba por completo que Kukoc había dominado Europa. El de Split, formó parte de aquel maravilloso conjunto de la Jugoplastika de los Radja, Perasovic, Tabak, Savic y compañía, con la que ganó cuatro ligas consecutivas (88, 89, 90, 91), dos copas (90, 91) y tres Euroligas (89, 90 y 91) -además de ser el MVP de la competición en las dos últimas y en el 93-. También militó antes de dar el salto a la NBA en la Benetton de Treviso, donde consiguió otra liga (92) y una copa más (93). No obstante, el talento y el pertenecer a la mejor generación balcánica de siempre le permitió disfrutar de las mieles del éxito también en el plano internacional. 
Aquella mítica selección de Yugoslavia comenzó a gestarse con el bronce europeo de Grecia 87. Después, el éxito fulgurante y el dominio abrumador que suponen dos oros europeos (Yugoslavia 89 e Italia 91), el oro mundial de Argentina 90 -galarodnado también con el MVP- y las dos platas olímpicas de Seúl 88 y Barcelona 92, las cuales Pippen debió obviar en aquel momento. Pese a que  en Barcelona, Croacia dio la cara durante gran parte del partido al mejor equipo de baloncesto jamás habido.

El juego iba a reiniciarse en el Chicago Stadium. En la media pista y con los jugadores dispuestos en la parte alta de la zona, el árbitro cede el balón a Pete Myers. Los jugadores de los Bulls inician una serie de cortes y bloqueos. Myers, tras varios amagos de saque lanza un balón bombeado que encuentra a Kukoc en la cabeza de la bombilla. El croata gira sobre sí mismo y en suspensión. La bocina suena y los aficionados, jugadores y el cuerpo técnico de los de Chicago se unen en un estallido de euforia cuyo protagonista es un 'rookie' europeo abrazado por sus compañeros y perseguido por la prensa. Un 'rookie' que tras lograr reinar en Europa, reinaría en la NBA. Ningún foco se centró en Scottie Pippen. Los Bulls perderían aquella eliminatoria por 4-3. No importaba, la mejor liga del mundo daba la bienvenida a Toni Kukoc, aka "The Waiter".

miércoles, 21 de marzo de 2012

Redemption Zero

Otrora uno de los jugadores más desequilibrantes de la NBA. Otrora un anotador infalible. Otrora un desafortunado pistolero. Allá por 2010, una de las trayectorias más brillantes de la mejor liga del mundo tocaba fondo. Acusado por tenencia ilícita de armas y con la sombra de la cárcel acechando, su carrera parecía pender de un hilo. Un hilo tan fino como la distancia que separaba horas antes el cañón de su pistola del cuerpo de Javaris Crittenton y viceversa.

Atrás, quedaban un premio de jugador más mejorado (2003), tres presencias en el All-Star, otras tantas en el mejor quinteto de la NBA y noches antológicas como la del 17 de diciembre de 2006, cuando los Wizards vencieron con 60 puntos suyos a los Lakers en el Staples por un montante de 147 a 141. 

Pero para cuando aconteció aquel fatal desencuentro por culpa de deudas de juego, su carrera ya parecía ir cuesta abajo. Tres operaciones de rodilla en dieciocho meses parecían ser demasiado para un jugador que había alcanzado la cota más alta del estrellato, y que ya de por sí solo había conseguido disputar toda la liga regular en una ocasión.

La campaña 2010-11, tras cumplir su sanción, una temporada de cambios en Washington. Decidió cambiar su número de siempre por el '9' y los Wizards habían seleccionado al nº 1 del draft con las miras puestas en una reconstrucción que el año anterior había llevado a Cleveland al que había sido su mejor socio, Antawn Jamison. Muchos dudaban de si el antiguo jugador franquicia podía ser compatible con el nuevo. El joven Wall acabó ganando la partida, y el de Florida acabaría siendo traspasado a Orlando ese invierno. 

En su estado natal, pasó con más pena que gloria. Solo disputó 49 encuentros siendo titular en un par de ellos. Tras firmar una temporada decepcionante tanto en lo individual -8 puntos, 2.4 rebotes y 3.2 asistencias- como en lo colectivo -Orlando fue eliminado en primera ronda de Playoffs-, los Magic deciden aplicar sobre él la cláusula de amnistía.

Sin equipo, con la fama de ser un jugador polémico y de cristal, y el fantasma del lock-out, su carrera parecía acabada, sepultada quizá por sus excesos tanto dentro como fuera de las canchas. Sin embargo, un rumor de acercamiento al equipo al que le endosó aquellos 60 puntos le puso de nuevo en órbita. Entrenó con ellos, y tras probar también con Memphis, los Grizzlies se le han presentado como última oportunidad para redimirse. 


A los 30 años y con el '10' a su espalda, vuelve firmando por el mínimo salarial -296.000 $- y en busca de un último contrato. Para demostrar que aún tiene mucho baloncesto en sus botas y sus muñecas. Para revindicarse como cuando eligió el '0' como dorsal acordándose de aquel entrenador que en época colegial le dijo que esos eran los minutos que iba a jugar. Para ser el mismo que cuando entrenaba nueve horas al día. Para, en definitiva, volver a ser y sentirse Gilbert Arenas. Otrora 'Agent Zero'.

jueves, 8 de marzo de 2012

Los horrores de la herencia

La pesadilla puede tocar a su fin. El pasado martes, Agapito Iglesias, todavía presidente del Real Zaragoza, anunciaba su intención de vender el 100% de sus acciones. Lo que representa el 92% del total accionarial. 
Tras seis años de una pésima gestión deportiva y económica esta sí parece la despedida definitiva del constructor soriano. Si es así, como todos los aficionados zaragocistas llevan rogando desde hace ya mucho tiempo, el de Navaleno se marchará habiendo dejado al zaragocismo hundido futbolística e institucionalmente.

En mayo de 2006, Iglesias se convertía en el máximo accionista del Real Zaragoza envuelto en un sinfín de rumores que señalaban que la DGA mucho tuvo que ver en su acceso al poder. Alimentando los rumores, delegaba la presidencia en el hasta entonces consejero de Economía, Hacienda y Empleo del Gobierno de Aragón, Eduardo Bandrés. Con una plantilla que contaba con jugadores de la talla de Ricardo Oliveira, Diego Milito y Sergio García, el Zaragoza consiguió colarse en competiciones europeas merced a una magistral temporada encabezada por el mencionado tridente ofensivo. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Pese a caer eliminados en la previa de la UEFA eliminados por el Aris de Salónica, un equipo netamente inferior al maño, la temporada se hizo muy, muy larga. La eliminación europea escoció mucho a la afición, pero no sería nada en comparación con el daño que hizo el descender a los infiernos, y consecuentemente, perder a sus mejores hombres. 

Para la aventura en segunda se contrató a Marcelino García, revelación en el banquillo del Racing el año anterior. Su fichaje fue ya muy criticado por el alto precio de su ficha. El Zaragoza consiguió el objetivo de ascender, pero una plantilla diseñada para quedar en primera posición de largo, lo pasó mal para asegurar el segundo puesto. El equipo no hacía más que alargar la imagen de decadencia que se había iniciado un año antes. Tras el inicio titubeante de 2009, Bandrés dimitió como presidente y Agapito Iglesias asumió plenos poderes en el club. Las temporadas 2009-2010 y 2010-2011 solo sirvieron como antesala de que o mucho cambia la cosa o el Real Zaragoza hará buenos los refranes de que a la tercera va la vencida y de quien juega con fuego se quema. 

Todo ello, sin eximir de culpa a los jugadores -faltaría más-, gracias a una gestión lamentable de un club que dista mucho de igualar los triunfos y logros de antaño, de encumbrar a futbolistas hasta la selección nacional, de alcanzar esa imagen de club peligroso en el torneo del K.O. Ahora más que nunca es el propio club el que parece que está noqueado y sin solución alguna. Todo ello gracias a un presidente que ha demostrado no tener ni idea de lo que es el fútbol, los sentimientos y el estar a cargo de la ilusión de miles de personas. Un señor que ante la pregunta de que si cree que el Zaragoza se va a salvar responde un seco: "Tengo que pensarlo" tan falso y vacío como el sentimiento que ha mostrado por el club que preside. Un señor que nunca se ha preocupado por tener el más mínimo trato con el cuerpo técnico. Un señor que se digna a no dar la cara ante 'su' afición y que allá por donde va, parece hacer gala de una prepotencia y altanería indignas del trabajo diario y de un sentimiento que dentro de diez días se convertirá en octogenario. 


Acogido ya a la Ley Concursal, este señor se irá, si consigue endosarle el muerto a alguien, con la cabeza bien alta, habiéndose preocupado tan solo por sí mismo y dejando al Real Zaragoza herido, veremos si mortalmente. De momento, partido a partido, el Zaragoza parece exhalar sus últimas bocanadas de aire.

jueves, 23 de febrero de 2012

La unicidad del abnegado

Dicen que las madres son muy sabias y que siempre hay que hacerles caso. Dicen que siempre quieren lo mejor para sus hijos y que hacen lo que sea para que estos lleguen lo más lejos posible. Hechos como el siguiente demuestran que la dedicación materna puede ser un arma importante que el destino usa a su voluntad...

Conforme el pequeño Rajon Rondo iba creciendo fue desarrollando su afición por el deporte. Como muchos jóvenes americanos, su adolescencia la pasó practicando tanto baloncesto como fútbol americano, siendo el deporte de la pelota oval el que le causaba especial predilección. Su madre, sin embargo, no compartía ese sentimiento y ante su visión del fútbol americano como un deporte dañino para su hijo, acabó empujándolo a la práctica mayoritaria del baloncesto.

Al acabar su periplo de high school, Rondo continuó en Kentucky para jugar en la universidad del estado. Allí, el base ya demostraba ser un director de juego magnífico además de un jugador muy completo. Tras dos años de aventura universitaria por fin llegó el gran salto. El 28 de junio de 2006 en la ceremonia del draft de la NBA Rondo era seleccionado con el número 21 por los Phoenix Suns. Los de Arizona, sin embargo, lo traspasaron a los Celtics a cambio de una ronda del draft y algo de dinero. Quién sabe si los Suns hubieran encontrado en él al base que diera el relevo definitivo a Steve Nash.

La suerte, caprichosa ella, hizo que el joven Rondo aterrizase en la franquicia más laureada del baloncesto. Una franquicia que pese a ello llevaba mucho tiempo deprimida, lejos de su época dorada en la década de los 60 y su reverdecimiento de los 80. En su primera campaña Rondo pasó muy desapercibido, haciéndose con el puesto de titular en su segundo año. Esa temporada, los de Boston tiraron la casa por la ventana con las contrataciones de dos superestrellas, Ray Allen y Kevin Garnett, que se unían al jugador franquicia de los orgullosos Celtics, Paul Pierce. El panorama no era muy halagüeño para que Rondo pudiese destacar. Los Celtics consiguieron de inmediato resultados con un récord de 66 victorias y 16 derrotas que le volvían a colocar en la elite de la NBA. Todo ello bajo la dirección de un joven de 22 años. Los Celtics se proclamaron campeones gracias a su 'big-three' y en gran medida, al canalizador de su juego.

Desde aquel momento, los números de Rajon Rondo han ido 'in crescendo' en todos los apartados estadísticos hasta consolidarse como uno de los mejores bases de la liga. No obstante, actuaciones sobresalientes en liga regular como en sucesivos playoffs y asumir cada vez más responsabilidades a medida que las prestaciones del 'big-three' disminuyen no parecen ser suficiente motivo para que la franquicia de Boston termine de confiar en él. Envuelto en buena parte los rumores de traspaso de los de Massachusetts año tras año, el '9' no se cansa de dar auténticas exhibiciones de baloncesto. Se le acusa de ser un mal tirador y sus estadísticas de tiro demuestran que no pasa de ser un mediocre lanzador en suspensión, pero el dominio de juego de Rondo va más allá de un porcentaje. Pese a ese lunar de su juego, en no pocas ocasiones ha asumido la labor anotadora sobrepasando la treintena de puntos. Pero más allá de eso, la importancia de Rondo radica en su magistral dirección de juego. Mantiene al equipo involucrado en todo momento haciendo que sus compañeros alcancen y superen los dobles dígitos en anotación sin excesiva dificultad; y a ese gran talento ofensivo le añade unas excepcionales cualidades defensivas. No en vano, es uno de los mejores en robos de balón y ha estado presente en el mejor quinteto defensivo los dos últimos años. Además, es poseedor de los fundamentos y el talento que precisa la mejor liga del mundo y que combina con esa dosis de espectáculo inherente a la marca NBA.

Desde que llegó a la liga, Rondo siempre ha sabido aceptar y adaptar su rol en el equipo a las necesidades de este. Siempre ha respondido con creces ante toda situación. Cuando se le dio la confianza de liderar a una franquicia en horas bajas, respondió. Cuando le tocó liderar al campeón de la NBA también respondió y ahora que parece que los Celtics necesitan una nueva reconstrucción, Rondo vuelve a responder. No importa cuántos rumores de traspaso sobrevuelen sobre él, cuantos desmanes le haga la cúpula del Garden, Rondo siempre se deja la piel por el equipo, haciendo gala de un juego cada año más maduro que parece no tener límite, ni siquiera el que su propio general manager, Danny Ainge, quiere colocarle. Si su propia franquicia no sabe valorar su talento, ya se encarga la NBA de demostrárselo. El próximo domingo, con sus 26 recién cumplidos, Rajon Rondo será All Star por tercera vez, y además, de manera consecutiva. Sin lugar a dudas, se ha erigido como el nuevo líder de los 'proud Celtics'. Un jugador único. Quizá el más único, ya que ningún jugador en la historia de la NBA ha tenido como nombre Rajon o como apellido Rondo. Un jugador abnegado que cumplió el deseo de su madre.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Inútil indignación; útil convicción

Se sentó en la cama y se sosegó. Estaba realmente alterado, no cabía en sí de ira. Con las manos en la cabeza y los codos apoyados en las rodillas con la vista hacia el suelo y la mirada perdida solo acertaba a soltar algún que otro bufido alternado con varios juramentos. No podía dejar de pensar en lo ocurrido.

Pegarle una patada a la puerta de su cuarto y algunos puñetazos al marco de esta no le había servido para desahogarse del todo. Se sentía estafado. Cada vez que recordaba lo que había acontecido a lo largo de los últimos meses y el resultado de todo ello en los últimos días la sangre le hervía bajo la piel como si el magma de un volcán hiciera que en cualquier instante pudiese volver a entrar en erupción.

No paraba de preguntarse por qué ese agravio comparativo. No lo entendía. Solo se había dedicado a realizar cada uno de los trabajos que se le asignaron de la mejor manera posible con una dedicación, que a veces le había llevado a perder más tiempo del que esperaba. A veces, incluso, haciéndole perder el tiempo dedicado a otras cosas más mundanas, pero esas otras cosas que le hacían ser y sentirse persona. Cosas banales como verse con los amigos, hacer algo de deporte o incluso dedicarse tiempo para él mismo. En fin, nada del otro mundo. Sin embargo, eso no le molestaba. Al menos no en exceso, pues todo ello iba dirigido, en principio y supuestamente, para ser mejor en aquello a lo que se quería dedicar. Aunque en algunas ocasiones era difícil de asimilar que eso fuera así.


No era de los que se dedicase a comer la oreja al profesor o asaltarle con estúpidas dudas o anécdotas. Dios le librase. Eso le parecía, cuanto menos, reprobable. Solo quería limitarse a hacer su trabajo lo mejor posible y pasar lo más desapercibido posible. Quizá eso era lo que le fallase. Pero no iba a hacer algo que iba contra su naturaleza y que tan ridículo le parecía. Se le hacía duro, por no decir imposible, comprender que haciendo lo que hacía donde estaba nunca se le iba a compensar. Y eso, eso es muy duro. Más cuando uno cumple y quienes han de compensar no cumplen ni con plazos ni de la forma en que se debe. La sensación entonces de impotencia te invade como a él le ocurría y solo dejaba lugar a la furia y la indignación que provoca esa incompetencia

Tras unos minutos de reflexión, su pensamiento comenzó a aclararse. El problema de todo eso era que frente al trabajo de meses que conlleva la labor encomendada, tanto el colegueo que se torna en favoritismo, como la valoración de ese trabajo eran algo barato y carente de ecuanimidad. Una vez se convenció y se dio cuenta de eso, solo le quedaba convencerse de no ser como esa gente, levantarse y seguir adelante con más fuerza y perseverancia si cabía. Sabía que pese a ello no iba a ser la última vez que le harían caer, pero siempre iba a estar dispuesto a levantarse.

martes, 7 de febrero de 2012

El quinto elemento


En la noche de ayer, Kobe Bryant se hacía un poco más grande si cabe. En su ciudad natal, Filadelfia, el escolta de los Lakers superaba a Shaquille O'Neal, su enemigo íntimo, y se colocaba como el quinto máximo anotador de la NBA. 


Pese a la derrota de los angelinos en el Wells Fargo Center por 95 a 90 frente a los Sixers, Kobe Bryant sigue engrandeciendo su leyenda. Eternamente comparado con Michael Jordan, Bryant sigue escalando peldaños en la historia pese a la mediocre temporada que lleva su equipo. Pese a las patentes similitudes con el mítico '23' de los Bulls y pese a que nunca se quitará el lastre de ser comparado con él, la mamba negra nunca llegará a ser como Jordan. Michael Jordan solo ha habido uno y solo habrá uno. Cualquier comparación con él es digna de mención y agradecimiento, un reconocimiento que sin duda a cualquier jugador debe enorgullecer. 
Asumido esto, Kobe no debe aspirar a ser su sucesor ni nada que se le parezca. Tiene que aspirar a ser mucho más que un sucesor. Tiene que aspirar a ser él mismo. A inscribir su nombre en la historia de los Lakers y de la NBA por medio de sus ya de por sí magníficas credenciales. 
Desde su llegada a los Lakers en 1996 Bryant ha demostrado que es uno de esos superclase de los que se ven cada mucho tiempo, pero único. Y esa exclusividad es la que lleva a Kobe a alcanzar récords que le abren las puertas del olimpo de la NBA. Nunca nadie ha sido tan decisivo en el 'clutch time' como él, ni siquiera el propio Jordan. Nadie ha anotado tantos puntos como él en un partido, 81, desde Wilt Chamberlain. Y solo Donyell Marshall ha sido capaz de igualar su marca de triples en un partido con 12.


Pueden pasar mil cosas, denuncias por acoso, acusaciones de infidelidad, separaciones... Pase lo que pase, Bryant siempre responde. Criticado hasta la extenuación, amado y odiado a partes iguales la esencia del '24' de los de púrpura y oro siempre emana en la pista. La elegancia en sus movimientos, sus suspensiones cargadas de sutileza, su afán de mejora, su espíritu competitivo y sobre todo, por encima de cualquier cosa, ese instinto asesino con el que aniquila al conjunto rival una y otra vez. Tiene unos fundamentos baloncestísticos maravillosos. Algo que brilla mucho por su ausencia en la actual NBA en comparación con otras épocas. Hace todo tan súmamente fácil que llega a desesperar a propios y extraños. Tras una temporada decepcionante, el ave fénix parece resurgir de sus cenizas, pero Kobe no ha vuelto, siempre ha estado ahí, pero esta temporada, de nuevo contra la adversidad, ha vuelto a responder con creces. Se ha ido a más de 40 puntos en cuatro partidos consecutivos y es el máximo anotador de la NBA con unos registros de 29'3 puntos de media aderezados por sus 5'8 capturas y 5'4 asistencias. Bryant es candidato siempre al MVP por méritos propios, les guste a unos más a otros menos. Los números hablan por sí solos y KB24 habla donde más le gusta, en la cancha. Es el mejor jugador de la década. Pasado, presente y futuro más próximo de la NBA.
Al igual que no ha habido otro Michael Jordan, tampoco habrá otro Kobe Bryant. No lo olviden, detrás del 23 siempre irá el 24.