jueves, 26 de enero de 2017

El libro vuelve a la estantería

Cuando llegó a casa se encontró aquel libro viejo. Empolvado, en el fondo de un cajón, allí donde hacia tiempo que su mirada no se dirigía o que simplemente evitaba. Una nueva página en blanco. Había llegado dispuesto a escribir.

Tras varios minutos de silencio, contemplando la inmaculada página, no fueron las palabras las que brotaron. Se moría por comenzar, ya que las ideas inundaban su mente. Pensamientos desordenados, caóticos, pero claros pese a ello. Al menos eso parecía. Un torrente de sentimientos que no lograba plasmarse en palabra. Un freno que le hacía dudar. Dudar de todo.

Al humdecerse la página cerró el libro. Quizá no era escribir lo que le apetecía. Y embriagado en la frustración del llanto se fue a caminar. Caminar y caminar. Caminar por caminar. Caminar sin rumbo. Simplemente caminar. Pero no sin antes dejar el libro. Esta vez en la estantería, pero sin la certeza de si ese capítulo se había acabado con aquella solitaria firma.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Máximas y divergencias


Que las personas van y vienen parece ser un hecho más que común a lo largo de nuestra fútil existencia: profesores, compañeros e incluso amigos. 

En algunos casos se asume como algo natural e incluso, por qué no, necesario. Sin embargo, en otras ocasiones, la ruptura de una relación supone algo más que un duro mazazo que te supone un profundo desasosiego en lo más hondo de tu ser. No solo por lo inesperado de la situación, sino por los lazos que te unían a esa persona. Cuando eso ocurre, sabes que esa persona te importa de verdad.

No necesariamente una ruptura repentina tiene que doler más que una que se va fraguando poco a poco. Es más, aquellas que parten de la nada o del más mísero de los detalles y que, poco a poco, van eliminando esos lazos son, si me lo permiten, más dolorosas -sería algo similar al efecto de quitar una tirita del tirón o lentamente-. Y no creo que esto sea porque no se vea venir, que se ve; sino porque te das cuenta de que esa persona, que es consciente de cómo os vais alejando, no hace nada, ni el más mínimo detalle por remediarlo.

Es ahí, en ese mismo momento, cuando sabes que una relación se ha acabado por completo. Primero te invade el enfado, que más tarde opta por tornarse en decepción y ya por último, en resignación. Todo está 'finiquitado'. Nada queda de esos lazos que antaño parecían atarte de manera tan fuerte e incluso racional a esa persona. En ese momento, la vida te sitúa en una de esas encrucijadas que guiarán tu destino y que marcarán el devenir de tu existencia. Puedes pensar en lamentarte por lo que fue  y por la persona que no te corresponde, o seguir hacia delante con tu máxima por bandera: "El dolor es inevitable; el sufrimiento, opcional"

miércoles, 24 de octubre de 2012

Alegato contra una muerte anunciada

Si alguien firmase esta sentencia ahora mismo nadie se extrañaría de ello. Es más, la asumiríamos como algo que ya sabe todo el mundo. La cuestión es que la cita, cuyo autor es Jerome Rubin, tiene ya 19 años. Y pese a que todo el mundo asume que el fin del papel en favor de lo digital es un hecho, el antiguo vicepresidente de publicaciones del grupo Times Mirror se precipitó al ponerle fecha de caducidad a los diarios impresos.

Esos diez años han pasado, y si bien es cierto que las plataformas digitales le han ganado muchísimo terreno al género en papel, este resiste estoicamente gracias a un número de fieles que mantienen su apego al periodismo 'de toda la vida'. Aquel en el que el periodista, con muchas menos aplicaciones, funciones y destrezas, podía centrar todo su esfuerzo en 'cocinar' la mejor pieza informativa posible. La inmediatez que permiten las herramientas online parece radicar en una devaluación del producto periodístico. ¿Dónde quedan los grandes reportajes que conllevan una persistente labor de indagación, profundización y elaboración y que tanto te hacen disfrutar de su lectura? En un porcentaje, al igual que el de seguidores del papel, cada vez menor. La red está muy bien como fuente que proporciona la información al segundo, pero la verdadera documentación sobre un tema se encuentra en las hojas del diario de turno. Los pequeños textos que suministran las ediciones online, más allá de los hipervínculos, conducen al conformismo social, a quedarse en la superficie. Muy pocos, los menos, son los que van más allá de esa escueta pieza informativa. Prima la inmediatez, ser el primero en publicar una información, pero ¿dónde quedan el cuidado y la calidad? Reflexionemos concienzudamente al respecto.

Al final, el ser más inteligente del planeta no es más que un esclavo de algo tan subjetivo como el tiempo. Por suerte, mientras siga habiendo románticos, el periódico seguirá transcendiendo, al menos, alguna generación más.

jueves, 7 de junio de 2012

Una melodía inacabada


En la tarde de un 7 de junio como hoy hace 19 años, sonó el teléfono de una vivienda de la capital croata, Zagreb. Como de costumbre, Biserka fue la encargada de contestar.

- Sí, es aquí -asintió-.

Conforme avanzaba la conversación, su gesto se fue torciendo hasta que, por fin, arrancó a llorar desconsolada. Biserka colgó el teléfono y corrió despavorida al balcón. Estaba a punto de cometer una locura. Por suerte, su marido Jovan llegó a tiempo para evitar aquel desastre.

La selección croata, pese a haber maravillado en los Juegos Olímpicos de Barcelona un año antes, se veía obligada a disputar el Preeuropeo de Polonia. Los Radja, Kukoc y compañía ya estaban concentrados. También Petrovic, capitán de la selección y por otra parte, jugador más determinante. El de Sibenik, llegaba tras haber disputado los Playoffs de la NBA con los Nets, en lo que sin duda fue su mejor temporada en tierras americanas. Por fin, el escolta había logrado aquello que tanto había soñado y que deseaba aún más, si cabe, tras impedírsele en Portland: ser una estrella en la mejor liga del mundo.

[Comienza la música de Mozart]

Un día más, se levantó temprano. Con las ansias de mejorar que le caracterizaban desde pequeño, se plantaba en el gimnasio a las 6 de la mañana. Él lo abría y, a buen seguro, él sería quien lo cerraría. Un día más.
En el todavía desierto pabellón deportivo de Sibenik, en el centro de Dalmacia, aquel joven no precisaba de nada más que una canasta y un balón de baloncesto. Si acaso, unas cuantas sillas que le permitiesen mejorar su 'dribbling'. Ni más ni menos. Esa era su vida. Todo lo que necesitaba para ser el mejor.
Pronto abandonó su ciudad natal para trasladarse a Zagreb y jugar para la Cibona. Las mieles del éxito atrajeron a un ganador nato que en el Sibenka Sibenik solo pudo ser subcampeón de la Copa Korac dos años consecutivos. Los éxitos en la capital no tardaron en llegar. En 1985 conquistó el triplete: Liga y Copa yugoslava, así como la Copa de Europa. Volvería a ganar dos Copas yugoslavas (86 y 88), la Copa De Europa (86) y la Recopa europea (87). Su éxito a nivel colectivo, sumado a sus gestas individuales sobrepasando con asiduidad los 30, 40 y hasta 50 puntos, llamaron la atención de la NBA. Los Trail Blazers fueron los encargados de seleccionarlo en la 60ª posición del draft de 1986. Sin embargo, no daría el salto a Estado Unidos hasta cuatro años más tarde, luego de militar una única campaña en el Real Madrid y conseguir la Copa del Rey y otra Recopa.

[Continúa la música]

Por supuesto, Croacia logró clasificarse para el Europeo. El objetivo estaba cumplido. Los jugadores podían volver a casa y disfrutar de las vacaciones. La expedición, tras salir de tierras polacas, hizo escala en Frankfurt, desde donde cogerían el definitivo vuelo a Zagreb. Sin embargo, no toda la expedición viajó en aeroplano. Klara Szalantzy había ido a buscar a su novio al aeropuerto. La pareja, junto a una amiga de la novia, volvería a Croacia en coche.

Pese al sol del que disfrutaban los jugadores croatas en el avión a las 17 horas, el  piloto les avisó para que se abrocharan los cinturones de seguridad. Unas cuantas turbulencias sacudieron la nave. Bajo esta, se armaba un denso manto de nubes que a buen seguro, descargaba tormenta.

Tras unos 200 kilómetros de viaje en los que había sido él quien conducía, decidieron cambiar tras repostar en una gasolinera. Él, debido al cansancio acumulado, se quedó dormido. En ese momento, tras dejar atrás un repecho en la autopista, Klara, privada de una idónea visibilidad a causa de la tormenta, vio demasiado tarde el camión  que había cruzado en la autopista.

[Termina la composición]

Ya no habría más celebraciones airadas tras canasta ni humillaciones en cuatro idiomas. Drazen Petrovic había muerto. Dejando, eso sí, una maravillosa melodía inacabada.

Hasta siempre, Drazen.

domingo, 3 de junio de 2012

Viernes 13

Tan solo quedan 1.8 segundos para el final del partido. Una victoria de los Knicks suponía un 3 a 0 en la eliminatoria y una eliminación casi segura para unos Bulls que, pese a acusar la ausencia de Jordan, habían logrado meterse en las semifinales de la Conferencia Este tras lograr un récord de 55-27.
Patrick Ewing, estrella de los neoyorkinos había obligado a pedir tiempo muerto a Phil Jackson al poner el 102-102 en el marcador. Mientras el jamaicano era felicitado y agasajado por sus compañeros de camino al banquillo, un errático Scottie Pippen se dirigía cabizbajo hacia el opuesto. En la noche de un viernes 13 de mayo su actuación parecía salida de una pesadilla. Una pesadilla que se consumó cuando Jackson, en la confección de la última posesión, renunció a que su jefe de filas se jugase el tiro definitivo. Un tiro que, para más inri, el entrenador de los Bulls confiaba a un novato. Toni Kukoc.


Sin duda, Pippen, herido en su orgullo, no confiaba en el croata y ante tal decisión técnica decidió no tomar parte del desenlace del encuentro. Simplemente se sentó al final del banco y esperó a que se sucedieran los hechos. Tal vez Pippen pasaba por alto muchas cosas. Seguramente ignoraba por completo que Kukoc había dominado Europa. El de Split, formó parte de aquel maravilloso conjunto de la Jugoplastika de los Radja, Perasovic, Tabak, Savic y compañía, con la que ganó cuatro ligas consecutivas (88, 89, 90, 91), dos copas (90, 91) y tres Euroligas (89, 90 y 91) -además de ser el MVP de la competición en las dos últimas y en el 93-. También militó antes de dar el salto a la NBA en la Benetton de Treviso, donde consiguió otra liga (92) y una copa más (93). No obstante, el talento y el pertenecer a la mejor generación balcánica de siempre le permitió disfrutar de las mieles del éxito también en el plano internacional. 
Aquella mítica selección de Yugoslavia comenzó a gestarse con el bronce europeo de Grecia 87. Después, el éxito fulgurante y el dominio abrumador que suponen dos oros europeos (Yugoslavia 89 e Italia 91), el oro mundial de Argentina 90 -galarodnado también con el MVP- y las dos platas olímpicas de Seúl 88 y Barcelona 92, las cuales Pippen debió obviar en aquel momento. Pese a que  en Barcelona, Croacia dio la cara durante gran parte del partido al mejor equipo de baloncesto jamás habido.

El juego iba a reiniciarse en el Chicago Stadium. En la media pista y con los jugadores dispuestos en la parte alta de la zona, el árbitro cede el balón a Pete Myers. Los jugadores de los Bulls inician una serie de cortes y bloqueos. Myers, tras varios amagos de saque lanza un balón bombeado que encuentra a Kukoc en la cabeza de la bombilla. El croata gira sobre sí mismo y en suspensión. La bocina suena y los aficionados, jugadores y el cuerpo técnico de los de Chicago se unen en un estallido de euforia cuyo protagonista es un 'rookie' europeo abrazado por sus compañeros y perseguido por la prensa. Un 'rookie' que tras lograr reinar en Europa, reinaría en la NBA. Ningún foco se centró en Scottie Pippen. Los Bulls perderían aquella eliminatoria por 4-3. No importaba, la mejor liga del mundo daba la bienvenida a Toni Kukoc, aka "The Waiter".