La pesadilla puede tocar a su fin. El pasado martes, Agapito Iglesias, todavía presidente del Real Zaragoza, anunciaba su intención de vender el 100% de sus acciones. Lo que representa el 92% del total accionarial.
Tras seis años de una pésima gestión deportiva y económica esta sí parece la despedida definitiva del constructor soriano. Si es así, como todos los aficionados zaragocistas llevan rogando desde hace ya mucho tiempo, el de Navaleno se marchará habiendo dejado al zaragocismo hundido futbolística e institucionalmente.
En mayo de 2006, Iglesias se convertía en el máximo accionista del Real Zaragoza envuelto en un sinfín de rumores que señalaban que la DGA mucho tuvo que ver en su acceso al poder. Alimentando los rumores, delegaba la presidencia en el hasta entonces consejero de Economía, Hacienda y Empleo del Gobierno de Aragón, Eduardo Bandrés. Con una plantilla que contaba con jugadores de la talla de Ricardo Oliveira, Diego Milito y Sergio García, el Zaragoza consiguió colarse en competiciones europeas merced a una magistral temporada encabezada por el mencionado tridente ofensivo. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Pese a caer eliminados en la previa de la UEFA eliminados por el Aris de Salónica, un equipo netamente inferior al maño, la temporada se hizo muy, muy larga. La eliminación europea escoció mucho a la afición, pero no sería nada en comparación con el daño que hizo el descender a los infiernos, y consecuentemente, perder a sus mejores hombres.
Para la aventura en segunda se contrató a Marcelino García, revelación en el banquillo del Racing el año anterior. Su fichaje fue ya muy criticado por el alto precio de su ficha. El Zaragoza consiguió el objetivo de ascender, pero una plantilla diseñada para quedar en primera posición de largo, lo pasó mal para asegurar el segundo puesto. El equipo no hacía más que alargar la imagen de decadencia que se había iniciado un año antes. Tras el inicio titubeante de 2009, Bandrés dimitió como presidente y Agapito Iglesias asumió plenos poderes en el club. Las temporadas 2009-2010 y 2010-2011 solo sirvieron como antesala de que o mucho cambia la cosa o el Real Zaragoza hará buenos los refranes de que a la tercera va la vencida y de quien juega con fuego se quema.
Todo ello, sin eximir de culpa a los jugadores -faltaría más-, gracias a una gestión lamentable de un club que dista mucho de igualar los triunfos y logros de antaño, de encumbrar a futbolistas hasta la selección nacional, de alcanzar esa imagen de club peligroso en el torneo del K.O. Ahora más que nunca es el propio club el que parece que está noqueado y sin solución alguna. Todo ello gracias a un presidente que ha demostrado no tener ni idea de lo que es el fútbol, los sentimientos y el estar a cargo de la ilusión de miles de personas. Un señor que ante la pregunta de que si cree que el Zaragoza se va a salvar responde un seco: "Tengo que pensarlo" tan falso y vacío como el sentimiento que ha mostrado por el club que preside. Un señor que nunca se ha preocupado por tener el más mínimo trato con el cuerpo técnico. Un señor que se digna a no dar la cara ante 'su' afición y que allá por donde va, parece hacer gala de una prepotencia y altanería indignas del trabajo diario y de un sentimiento que dentro de diez días se convertirá en octogenario.
Acogido ya a la Ley Concursal, este señor se irá, si consigue endosarle el muerto a alguien, con la cabeza bien alta, habiéndose preocupado tan solo por sí mismo y dejando al Real Zaragoza herido, veremos si mortalmente. De momento, partido a partido, el Zaragoza parece exhalar sus últimas bocanadas de aire.
Acogido ya a la Ley Concursal, este señor se irá, si consigue endosarle el muerto a alguien, con la cabeza bien alta, habiéndose preocupado tan solo por sí mismo y dejando al Real Zaragoza herido, veremos si mortalmente. De momento, partido a partido, el Zaragoza parece exhalar sus últimas bocanadas de aire.

No hay comentarios:
Publicar un comentario