
Hay ciertas ocasiones en la vida en las que uno no sabe cómo actuar. Hoy, 14 de octubre de 2011 es uno de esos días. Días en los que amaneces con la noticia de que dos jóvenes de 19 a 21 años han perdido la vida trágicamente. Hasta ahí, dentro de la tragedia que supone, uno queda, cuanto menos, chafado, pero irremediablemente se ve como algo ajeno. Todo cambia cuando descubres que uno de esos maltrechos cuerpos es el de un compañero, el de un amigo.
Si uno conoce Álex es imposible no quedar sorprendido por su sencillez. Algo difícil en un chico de 19 años. Cualquier calificativo quedará, seguro, corto para hacerle una semblanza. Tuve la tremenda suerte de conocerlo en, lo que sin duda alguna era una de sus mayores pasiones, el mundo del fútbol. Y me atrevo, sin duda alguna, a decir que si compartías vestuario con él, llegabas a valorar sin problema alguno sus inmensas cualidades. Ahí, en el campo demuestra cómo es. Todo un luchador, dando el todo por el todo, enfadándose como el que más si algo no salía bien, apoyándote a ti en cada fallo. Una vez en el vestuario cambia de registro sin perder un ápice de grandeza. Todo ese vigor y fuerza quedan atrás para que salgan a la luz las mejores cualidades de un chaval brillante: amable, modesto, divertido, risueño...
Por todo esto es más difícil de entender el terrible suceso de ayer. ¿Bajo qué circunstancias puede aparecer un chico de 19 años en la A-2, aparentemente solo y habiendo abandonado a sus amigos? Y sobre todo, ¿por qué? Esa es la pregunta más recurrente en la mente de todos. ¿Por qué se fue solo? ¿Por qué le tuvo que pasar a él? ¿Por qué tuvo que dejarnos?
Hay que seguir. Pasadas las horas a uno no le queda más remedio que aceptarlo, intentarlo al menos. Donde quiera que esté, seguro que no querría que su gente estuviese triste. Álex te levantaría la cabeza y con sus palmadas y abrazos ,ás sinceros te daría ánimos para seguir adelante. Lo sé.
No obstante es difícil conllevar un dolor así. Cuanto menos, escuece bien dentro. Y en ocasiones, cuanto más piensas en él y en los momentos que afortunadamente tuviste el inmenso privilegio de compartir a su lado, ese dolor se hace tremendamente grande. Tan grande como la dimensión de su presencia entre nosotros.
Este texto está escrito en presente por eso mismo, porque donde quiera que esté, Álex está aquí, con cada uno de nosotros. Alzando la vista al cielo y esbozando una sonrisa, solo queda decirte:
¡Hasta siempre, compañero! Nos veremos, dalo por hecho.
Si uno conoce Álex es imposible no quedar sorprendido por su sencillez. Algo difícil en un chico de 19 años. Cualquier calificativo quedará, seguro, corto para hacerle una semblanza. Tuve la tremenda suerte de conocerlo en, lo que sin duda alguna era una de sus mayores pasiones, el mundo del fútbol. Y me atrevo, sin duda alguna, a decir que si compartías vestuario con él, llegabas a valorar sin problema alguno sus inmensas cualidades. Ahí, en el campo demuestra cómo es. Todo un luchador, dando el todo por el todo, enfadándose como el que más si algo no salía bien, apoyándote a ti en cada fallo. Una vez en el vestuario cambia de registro sin perder un ápice de grandeza. Todo ese vigor y fuerza quedan atrás para que salgan a la luz las mejores cualidades de un chaval brillante: amable, modesto, divertido, risueño...
Por todo esto es más difícil de entender el terrible suceso de ayer. ¿Bajo qué circunstancias puede aparecer un chico de 19 años en la A-2, aparentemente solo y habiendo abandonado a sus amigos? Y sobre todo, ¿por qué? Esa es la pregunta más recurrente en la mente de todos. ¿Por qué se fue solo? ¿Por qué le tuvo que pasar a él? ¿Por qué tuvo que dejarnos?
Hay que seguir. Pasadas las horas a uno no le queda más remedio que aceptarlo, intentarlo al menos. Donde quiera que esté, seguro que no querría que su gente estuviese triste. Álex te levantaría la cabeza y con sus palmadas y abrazos ,ás sinceros te daría ánimos para seguir adelante. Lo sé.
No obstante es difícil conllevar un dolor así. Cuanto menos, escuece bien dentro. Y en ocasiones, cuanto más piensas en él y en los momentos que afortunadamente tuviste el inmenso privilegio de compartir a su lado, ese dolor se hace tremendamente grande. Tan grande como la dimensión de su presencia entre nosotros.
Este texto está escrito en presente por eso mismo, porque donde quiera que esté, Álex está aquí, con cada uno de nosotros. Alzando la vista al cielo y esbozando una sonrisa, solo queda decirte:
¡Hasta siempre, compañero! Nos veremos, dalo por hecho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario