martes, 7 de febrero de 2012

El quinto elemento


En la noche de ayer, Kobe Bryant se hacía un poco más grande si cabe. En su ciudad natal, Filadelfia, el escolta de los Lakers superaba a Shaquille O'Neal, su enemigo íntimo, y se colocaba como el quinto máximo anotador de la NBA. 


Pese a la derrota de los angelinos en el Wells Fargo Center por 95 a 90 frente a los Sixers, Kobe Bryant sigue engrandeciendo su leyenda. Eternamente comparado con Michael Jordan, Bryant sigue escalando peldaños en la historia pese a la mediocre temporada que lleva su equipo. Pese a las patentes similitudes con el mítico '23' de los Bulls y pese a que nunca se quitará el lastre de ser comparado con él, la mamba negra nunca llegará a ser como Jordan. Michael Jordan solo ha habido uno y solo habrá uno. Cualquier comparación con él es digna de mención y agradecimiento, un reconocimiento que sin duda a cualquier jugador debe enorgullecer. 
Asumido esto, Kobe no debe aspirar a ser su sucesor ni nada que se le parezca. Tiene que aspirar a ser mucho más que un sucesor. Tiene que aspirar a ser él mismo. A inscribir su nombre en la historia de los Lakers y de la NBA por medio de sus ya de por sí magníficas credenciales. 
Desde su llegada a los Lakers en 1996 Bryant ha demostrado que es uno de esos superclase de los que se ven cada mucho tiempo, pero único. Y esa exclusividad es la que lleva a Kobe a alcanzar récords que le abren las puertas del olimpo de la NBA. Nunca nadie ha sido tan decisivo en el 'clutch time' como él, ni siquiera el propio Jordan. Nadie ha anotado tantos puntos como él en un partido, 81, desde Wilt Chamberlain. Y solo Donyell Marshall ha sido capaz de igualar su marca de triples en un partido con 12.


Pueden pasar mil cosas, denuncias por acoso, acusaciones de infidelidad, separaciones... Pase lo que pase, Bryant siempre responde. Criticado hasta la extenuación, amado y odiado a partes iguales la esencia del '24' de los de púrpura y oro siempre emana en la pista. La elegancia en sus movimientos, sus suspensiones cargadas de sutileza, su afán de mejora, su espíritu competitivo y sobre todo, por encima de cualquier cosa, ese instinto asesino con el que aniquila al conjunto rival una y otra vez. Tiene unos fundamentos baloncestísticos maravillosos. Algo que brilla mucho por su ausencia en la actual NBA en comparación con otras épocas. Hace todo tan súmamente fácil que llega a desesperar a propios y extraños. Tras una temporada decepcionante, el ave fénix parece resurgir de sus cenizas, pero Kobe no ha vuelto, siempre ha estado ahí, pero esta temporada, de nuevo contra la adversidad, ha vuelto a responder con creces. Se ha ido a más de 40 puntos en cuatro partidos consecutivos y es el máximo anotador de la NBA con unos registros de 29'3 puntos de media aderezados por sus 5'8 capturas y 5'4 asistencias. Bryant es candidato siempre al MVP por méritos propios, les guste a unos más a otros menos. Los números hablan por sí solos y KB24 habla donde más le gusta, en la cancha. Es el mejor jugador de la década. Pasado, presente y futuro más próximo de la NBA.
Al igual que no ha habido otro Michael Jordan, tampoco habrá otro Kobe Bryant. No lo olviden, detrás del 23 siempre irá el 24.



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