
ETA abandona la actividad armada. Ese era el titular de ayer en lo que a actualidad nacional se refiere. No cabe duda alguna de que la noticia supone una victoria para la democracia. Y diría histórica, pero no me atrevo, al menos aún. Y es que desde la creación de la banda terrorista como escisión del PNV a finales de los años 50, tres han sido los anuncios del cese de su actividad. Esperemos que como dice el refrán, a la tercera, vaya la vencida.
No obstante, pese al fervor y alegría generalizada en toda España, a mí me es imposible desprenderme de cierto sentimiento de recelo. No se puede obviar que se está hablando de terroristas, personas que han matado a más de 829 personas y que han hecho sufrir a tantas otras familias. Tampoco se debe olvidar que, como ya queda apuntado, han roto su palabra en dos ocasiones. No podemos olvidar que pese al cese de la actividad armada todavía quedan terroristas en las calles, que no se han entregado las armas y que nadie se ha retractado de lo hecho ni ha pedido perdón a las víctimas. Sí, nadie.
Si se confirma este hecho, precedido por la tan polémica Conferencia de Paz de San Sebastián, tanto España como sobre todo el País Vasco habrán dado un paso adelante en la democracia. Supondrá un crecimiento importante para una democracia tan joven como la nuestra. Una barrera que se queda atrás. España debe caminar hacia delante, pero como muy bien apuntó Zapatero, sin
olvidar. Sin dejar en el olvido a estas personas que han supuesto tan escabroso escalón para el progreso y la libertad. Sin olvidar, por supuesto, tampoco nombres como los de Joseba Pagazaurtundua, Luis Carrero Blanco, Dolores González Catarain, Manuel Giménez Abad, Fernando Buesa, Miguel Ángel Blanco o José Antonio Ortega Lara, entre muchos otros. Todos ellos deben servir para construir una nueva época fuera del terror, en la que España y Euskadi puedan vivir en paz, ser libres para tomar sus propias decisiones y mirar al futuro con esperanza e ilusión.
Desde lo más profundo del corazón, ojalá los #AgurETA y #AdiósETA sean una realidad. Una realidad que perdure para siempre. Hasta entonces, para mí, impera esa necesidad de ser cauto y aguardar con calma, y sobre todo, con esperanza.
No obstante, pese al fervor y alegría generalizada en toda España, a mí me es imposible desprenderme de cierto sentimiento de recelo. No se puede obviar que se está hablando de terroristas, personas que han matado a más de 829 personas y que han hecho sufrir a tantas otras familias. Tampoco se debe olvidar que, como ya queda apuntado, han roto su palabra en dos ocasiones. No podemos olvidar que pese al cese de la actividad armada todavía quedan terroristas en las calles, que no se han entregado las armas y que nadie se ha retractado de lo hecho ni ha pedido perdón a las víctimas. Sí, nadie.
Si se confirma este hecho, precedido por la tan polémica Conferencia de Paz de San Sebastián, tanto España como sobre todo el País Vasco habrán dado un paso adelante en la democracia. Supondrá un crecimiento importante para una democracia tan joven como la nuestra. Una barrera que se queda atrás. España debe caminar hacia delante, pero como muy bien apuntó Zapatero, sin
olvidar. Sin dejar en el olvido a estas personas que han supuesto tan escabroso escalón para el progreso y la libertad. Sin olvidar, por supuesto, tampoco nombres como los de Joseba Pagazaurtundua, Luis Carrero Blanco, Dolores González Catarain, Manuel Giménez Abad, Fernando Buesa, Miguel Ángel Blanco o José Antonio Ortega Lara, entre muchos otros. Todos ellos deben servir para construir una nueva época fuera del terror, en la que España y Euskadi puedan vivir en paz, ser libres para tomar sus propias decisiones y mirar al futuro con esperanza e ilusión.Desde lo más profundo del corazón, ojalá los #AgurETA y #AdiósETA sean una realidad. Una realidad que perdure para siempre. Hasta entonces, para mí, impera esa necesidad de ser cauto y aguardar con calma, y sobre todo, con esperanza.
Absolutamente de acuerdo Sergio.
ResponderEliminarMe alegra que estés conmigo, Lara. El anuncio es alentador, pero no se pueden echar las campanas al vuelo tan deprisa.
ResponderEliminar