
Un hombre decidió visitar a un ermitaño que vivía cerca del monasterio de Sceta. Después de caminar sin rumbo por el desierto, acabó encontrando al moje.
- Necesito saber cuál es el primer paso que hay que dar en el camino espiritual -dijo.
El ermitaño lo llevó hasta un pequeño pozo y le pidió que mirase su reflejo en el agua. El hombre obedeció, pero el ermitaño empezó a tirar piedras al agua e hizo que la superficie se moviese.
- No podré ver bien mi rostro mientras usted siga tirando piedras -dijo el hombre.
-Del mismo modo que es imposible para un hombre ver su rostro en aguas turbulentas, también es imposible buscar a Dios si la mente está ansiosa con la búsqueda -dijo el monje-. Este es el primer paso.
- Necesito saber cuál es el primer paso que hay que dar en el camino espiritual -dijo.
El ermitaño lo llevó hasta un pequeño pozo y le pidió que mirase su reflejo en el agua. El hombre obedeció, pero el ermitaño empezó a tirar piedras al agua e hizo que la superficie se moviese.
- No podré ver bien mi rostro mientras usted siga tirando piedras -dijo el hombre.
-Del mismo modo que es imposible para un hombre ver su rostro en aguas turbulentas, también es imposible buscar a Dios si la mente está ansiosa con la búsqueda -dijo el monje-. Este es el primer paso.
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