viernes, 5 de agosto de 2011

Molestos y gilipollas

Llegaba diez minutos tarde. Pese a ello, no se apresuró. Sabía que no le iba a pasar nada. A decir verdad, ni siquiera le importaba. Giró el pomo y vio la sala medio vacía.
Le habían dicho que, para no molestar, entrase por la puerta de atrás, como si le incitasen a dar por el culo a alguien. Ni que hubiese mucho que molestar por otra parte. La visión a través de los cristales translúcidos le había negañado totalmente. Cuando miró por ellos debió fijar su vista en las primeras, las cuales sí que estaban medianamente llenas.

Se sentó en una de las últimas filas esperando ver todo, que todo estuviese delante de sus ojos, pues le gustaba observar. Disfrutaba haciéndolo. Sin embargo, no fue así. Al cabo de pocos minutos subió un grupo de personas bastante numeroso que había visto en la puerta fumando y se sentaron justo detrás de él. Tuvo la idea de echarse un cigarro antes de haber entrado sin importarle aquello de la rardanza, pero la presencia de estos en la entrada le persuadió. Sabía lo que se hacía; no le habían calado bien. Efectivamente era el grupillo de gilipollas que se había imaginado: todo el rato cuchicheando, riendo e incluso mofándose de la directora del acto debido a ciertos problemas con la tecnología a la hora de ampliar un vídeo bastante emotivo sobre la ciudad de Pripyat. Esos gilipollas no respetaban ni a los muertos.

Con la música del vídeo sintió la necesidad de evadirse. Era lenta, muy relajante, evocadora de paisajes de relajamiento. Pero sus vecinos de atrás seguían con sus mierdas.

- Ya nos ha jodido la novela -dijo uno cuando uno de los ponentes reveló parte del argumento de su novela.
- ¿Acaso te la ibas a leer, imbécil? -pensó. -Seguro que ya ni te acuerdas de cómo se llama. Dudo siquiera que con lo que habláis, hayas oído el título del libro.

La música de aquel vídeo permanecía en su cabeza, le transportaba a nuevas dimensiones, y le gustaba, pero la presencia de esos energúmenos le impedía seguir con su viaje. Le entraron pues ganas de empolvarse la nariz, ya que la charla tampoco daba ya mucho más de sí y las realidades paralelas le ofrecían algo más atractivo, pero no llevaba nieve encima. Entonces, se contentó con bajarse y fumar un cigarro. Ahora sí, sin la presencia de esos gilipollas.

1 comentario:

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